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Un Salto Hacia Atrás !! En la Pobreza del País por la Crisis...

sábado, 16 de mayo de 2020
Análisis del aumento de las cifras de pobreza en Colombia ...

Un salto hacia atrás en la pobreza del país por la crisis


De un tiempo para acá, Daihanna Mosquera se acostumbró a leer las noticias relacionadas con la economía porque ya comprobó que le conciernen en carne propia.

De hecho, cuando el viernes supo de la mala cifra de crecimiento durante el primer trimestre del año, entendió a qué se referían los analistas que por las redes sociales hablaron de la confirmación de una crisis más profunda de lo que se pensaba.

Hace apenas un par de semanas, su jefe le informó que no le quedaba otra salida que despedirla, pues la situación de la ferretería en la que trabajaba venía siendo difícil desde que se vio obligada a cerrar sus puertas tan pronto comenzó la cuarentena. “Ese día que me llamó salimos seis”, cuenta.
Casos como el de esta asistente administrativa, graduada del Sena en Armenia, abundan ahora en Colombia.

De acuerdo con el Dane, la población desocupada creció en 1,6 millones de personas en marzo y los especialistas anticipan que los datos de abril y mayo serán mucho peores, pues las liquidaciones de personal continúan.

“La liquidez de las empresas es precaria y, sin desconocer las ayudas oficiales o los créditos reprogramados, a muchos se les comienza a acabar la gasolina”, afirma Julián Domínguez, presidente de Confecámaras.


Tampoco ha salido indemne Elizabeth Reyes (su nombre verdadero es otro), quien a punta de ofrecer servicios de belleza a domicilio había logrado una clientela estable que le generaba ingresos cercanos a los dos millones de pesos mensuales.

El confinamiento la mantuvo cinco semanas en su casa sin obtener un peso, aparte de las ayudas que recibió de un puñado de personas, hasta que ya no pudo más. A pesar de las restricciones empezó a salir a la calle desde finales de abril, con el temor de que la detuviera la policía.
Ahora usa “un traje de astronauta” cada vez que entra a una casa, con el fin de minimizar el riesgo de ser transmisora del covid-19 y así tranquilizar a las personas que atiende, pero todavía el volumen de trabajo es poco. Un día bueno le deja 70.000 pesos, aunque son muchos más los malos. “Esto es algo que jamás pensé llegar a vivir”, dice.


A media marcha

Los ejemplos de arriba le ponen cara a una situación que solo puede describirse como dramática. Sin desconocer la necesidad de medidas drásticas para evitar una espiral de contagios que probablemente habría sobrepasado con creces la capacidad de los servicios hospitalarios en múltiples ciudades y capitales del país, con el correr del calendario empieza a quedar claro el inmenso costo social del aislamiento obligatorio.
Y es que aparte del desempleo, que podría superar con facilidad el 25 por ciento, empieza a verse una desmejora en la calidad de vida de aquellos que todavía logran desempeñar su oficio.

La mala situación golpea tanto a los trabajadores formales como a los informales, sobre todo en la medida que un número importante de actividades no puede operar y tampoco cuenta con un horizonte definido de reapertura.

Incluso en aquellos renglones a los cuales se les levantaron las restricciones, el despertar ha sido lento. De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, hasta el 14 de mayo un total de 45.113 firmas pertenecientes a los segmentos de manufactura, comercio y servicios habían sido habilitadas para funcionar en las principales ciudades del país.

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